A medida que avanza el año, vamos descubriendo que la misión también deja huellas en el corazón. Como catequistas hemos recorrido un largo camino: encuentros compartidos, rostros que acompañar, historias que escuchar, momentos de gracia y desafíos cotidianos. Y, aunque seguimos caminando con fidelidad y esperanza, a veces necesitamos detenernos para volver a encontrarnos con la fuente que da sentido a todo.
La alegría cristiana no es simplemente estar contentos. Es mucho más profunda. Nace de sabernos amados por Jesús, acompañados por su presencia y sostenidos por su amor. Sin embargo, en medio del ritmo de cada día, esa alegría puede perder brillo, quedar escondida o debilitarse silenciosamente.
Por eso queremos regalarle a nuestro corazón un momento de encuentro con el Señor. Un tiempo para dejarnos mirar por María, que conoce nuestros caminos y permanece atenta a nuestras necesidades.
En las Bodas de Caná, María descubre que falta el vino de la fiesta. Nadie parece advertirlo, pero ella sí. Con la delicadeza de una madre, lleva esa necesidad a Jesús y confía plenamente en Él.
También hoy María contempla nuestra vida y reconoce aquello que necesita ser renovado. Ella sabe cuándo el corazón necesita volver a llenarse de esperanza, de confianza y de alegría verdadera. Y, como en Caná, nos toma de la mano para acercarnos a Jesús, el único capaz de transformar nuestra agua cotidiana en vino nuevo.
Palabra de Dios: Juan 2, 1-11 (Las Bodas de Caná).
Dejamos un breve momento de silencio antes de pasar a la contemplación.
Momento de contemplación
Los invitamos a entrar en la escena del Evangelio utilizando la imaginación, al modo de la contemplación ignaciana.
Observemos el lugar, los rostros, los gestos. Escuchemos las conversaciones, contemplemos a María, a los sirvientes y a Jesús.
Detengámonos especialmente en las palabras de María:"Ya no tienen vino" (Jn 2,3).
Dejemos que esa frase resuene en nuestro interior y nos ayude a reconocer aquello que hoy necesita ser presentado al Señor.
Nos preguntamos: :
● ¿Qué vino me está faltando hoy?
● ¿Qué alegría necesito recuperar?
● ¿Qué aspecto de mi vocación catequística necesita ser renovado?
Ahora contemplemos a Jesús.
Él recibe aquello que parece insuficiente. Recibe nuestra fragilidad, nuestras búsquedas y todo aquello que llevamos en el corazón.
El milagro de Caná no consiste solamente en producir vino. El milagro consiste en que Jesús puede transformar y hacer fecundo aquello que nosotros consideramos pequeño, pobre o desgastado.
Permanezcamos unos minutos en silencio, pidiéndole al Señor que obre en nuestra vida y nos regale el vino nuevo que nos renueve la alegría para anunciarlo.
Gesto celebrativo
Entregar a cada participante un pequeño papel, puede tener forma de corazón o de tinaja.
Invitarlos a escribir allí cuál es hoy su "tinaja": aquello que desean poner en manos de Jesús para que Él lo transforme y renueve.
Puede tratarse de una preocupación, una herida, un cansancio, un miedo, una pérdida de entusiasmo o cualquier realidad que necesite del amor transformador del Señor.
Con una música suave de fondo, manteniendo un lindo clima de oración, cada participante acerca su tarjeta y lo deposita en un cuenco .
Este gesto nos recuerda que no caminamos solos. También nuestros hermanos catequistas presentan sus búsquedas y necesidades. Juntos confiamos en que Jesús siga transformando nuestra agua en vino nuevo.
María nos acompaña en el camino
Para finalizar, cada catequista elige una imagen o estampa de alguna advocación mariana.
Que esta imagen sea un recuerdo de este encuentro y una compañía para el camino hacia la Peregrinación Mariana familiar.
Oración final
María, llevanos una vez más hacia tu Hijo.
Enseñanos a escuchar su voz y a confiar en su palabra.
Que Jesús transforme nuestras tinajas vacías
en vino nuevo de esperanza, de alegría y de amor.
Y que, llenos de su presencia,
podamos compartir con los niños, las familias y nuestras comunidades
la alegría que nace de sabernos amados por Él.
Amén.
"Como en Caná, María sigue señalándonos a Jesús. Y cuando dejamos que Él transforme nuestra vida, la alegría vuelve a llenar el corazón... y con María la compartimos."

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