jueves, 15 de noviembre de 2018

Pesebre viviente


Estamos en el último tramo del año y Dios nos sorprende con el Nacimiento de Jesús, Su Hijo y Salvador nuestro. Les ofrecemos este Pesebre viviente que, como siempre, puede ser adaptado a las características de cada comunidad enriqueciéndolo, sin duda alguna. De la misma manera, cada comunidad puede elegir el gesto solidario que más necesiten.
Ambientación
En templo, atrio, o espacio relativamente amplio donde se puedan disponer cuatro rincones.
Rincón de María se adornará con telas coloridas, una celeste, florero, almohadones. María estará sentada orando cuando la visita el ángel.
Casa de Isabel cerca de alguna puerta (porque luego se puede usar como lugar de la posada). Sillas, canastos con trapos, cacerolas, escoba.
Centro de la escena, donde luego se armará el pesebre. Puede ser una construcción scout con palos, nudos, lona (pre-armada) o ramas, cajones, paja. En alto, si es posible, una tanza de la que se colgará una nube bien grande hecha en telgopor, tela o papel que representará a Dios Padre.
Rincón oscuro desde donde vendrán José y María peregrinando.
De ser posible, un reflector, puede usarse para iluminar los distintos rincones.

Personajes
(Todos son representados por niños, quienes hacen movimientos y gestos. Las voces son adultos al micrófono, sin ser vistos.)

María: túnica blanca, manto celeste, necesitará almohadón para simular embarazo en la segunda parte.
José: túnica, manto, llevará cayado y farol.
Jesús: bebé
Angelitos: túnicas, o remeritas, shorts, vestiditos blancos, con o sin alitas o vinchas blancas.
Ángel Gabriel
Isabel 
Posaderos
Pastores: bermudas, shorts, túnicas, mantos, beige o marrones, alpargatas, sandalias. Bultos blancos simulando ovejas.

Voces que interpreten los personajes más la voz de Dios y un relator.

Audio o Coro

Canasto para ofrenda solidaria



Relator:   Buenas noches familia! 
Se acerca la noche más buena de cada año, por eso en el corazón de cada uno, hay un deseo de celebrar.
Pero, ¿qué celebramos?
Hacemos memoria del acontecimiento de Belén.
Celebramos el anuncio de la paz a los hombres de buena voluntad. Celebramos la vida, el amor, el encuentro, lo pequeño...
Celebramos la misericordia, nuestra fe y nuestra esperanza en el Dios de la Vida que, como en el principio, escucha nuestra plegaria y revela el misterio del amor a los sencillos de corazón que esperan en Él, como aquella noche…

Por encima del altar una nube grande será luego la voz de Dios.
A un costado, en el piso, pastorcitos junto a bultos blancos (simulando ovejas), duermen. Otros, alertas, se refriegan los ojos, miran el cielo…
Dice el evangelio: “En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. El Ángel les dijo: “No teman, porque les traigo una buena noticia: Hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado. Fueron rápidamente….”
Al volver, contaron lo que habían visto y oído.
Es aquel relato el que sostiene nuestra esperanza. Somos pastores urbanos, desvelados por los rebaños de nuestra familia y nuestras ocupaciones, necesitados de la ternura de un niño en pañales y de la luz de la buena noticia en lo cotidiano!
Coro:  Zafar (La Vela Puerca) (Solo primera estrofa, hasta …”que no haya lucidez”)    
Algunos pastorcitos se levantan, buscan a los adultos de la comunidad y tomándolos de la mano, los acercan a contemplar (desde un costado).
Despabilemos nuestro corazón y dispongámonos a contemplar el misterio…
(Pausa)
Aparecen estrellas y ángeles, bailando lento, en rondas, mirando al cielo.
Dios no había dicho nada, sin embargo, todos los ángeles estaban mirando hacia la casa de Dios…
Coro: Profecías
El anuncio del ángel Gabriel
El ángel, mirando hacia lo alto.
Dios – Gabriel! Gabriel!
Ángel Gabriel - Aquí estoy, Padre. ¿Qué sucede?
Dios – Gabriel, escuchame bien. Ha llegado el momento tan esperado. Necesito que vayas a una ciudad de Galilea, a Nazaret, y busqués a una jovencita que se llama María. Yo he preparado su corazón con una pureza especial. Le dirás que la he elegido para que sea Madre de mi Hijo, Jesús. Pero, Gabriel, nada de imposiciones! Es necesario que ella lo quiera y lo acepte con alegría! Andá rápido!

Gabriel – Sí, Padrecito! Ya mismo me pongo en camino!

El ángel deja de mirar al cielo y se acerca a María, que está arreglando unas flores, le toca el hombro y ella se sorprende y deja sus tareas.

Gabriel - ¡Hola María! ¡Alegrate! “Estás llena de gracia, el Señor está contigo”
María se sorprende y se aleja un poco del ángel.

María - ¿Qué es esto? ¿Por qué me saludás con tanto honor? Yo no merezco ser tratada así.

Gabriel – “No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Él te eligió para que seas la mamá del Salvador. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, el Emanuel, el Dios con nosotros. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo y su reinado no tendrá fin. Pero vos podés decir que sí o decir que no, porque Dios te hizo libre.

María - ¿Cómo puede ser eso, si yo no convivo con ningún hombre?

Gabriel – Eso no importa, María. Ése es el Hijo de Dios, y el Espíritu Santo lo formará en tu pancita. También tu prima Isabel está esperando un hijo en su vejez y, aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes de su embarazo. Porque, para Dios, nada es imposible.

María – “Yo soy la servidora del Señor.  Hágase en mí todo lo que has dicho”.

Al escuchar estas palabras de María, el Ángel Gabriel da señales de alegría y se retira. María no lo mira. Se ha quedado en actitud de recogimiento entregada a la oración.

Coro: La Anunciación

María visita a su prima Isabel

Relator:   La joven Virgencita, humilde muchacha de Palestina ha dicho “Sí” y ha abierto para todos la revolución más grande de la historia. La revolución del Amor de Dios que se hace uno de nosotros para compartir nuestra vida.

Aparece nuevamente María en escena, caminando hacia la puerta de la casa de Isabel.

Relator: María se pone en camino. Ha recibido una noticia grande que cambiará su vida para siempre y se ha enterado que su prima, ya mayor, la necesita. De ahora en adelante toda su vida será DISPONIBILIDAD Y SERVICIO.

Aparece Isabel junto a la puerta y abraza a María

Isabel – María!  María!

María -   ¡Hola prima! ¿Cómo estás? Apenas supe de tu embarazo me puse en camino para ayudarte.  (Invita a Isabel a sentarse)

Isabel -  “Bendita tú eres María entre todas las mujeres y ¡bendito es el fruto de tu vientre! ¿Cómo merezco yo que vengas a visitarme? Apenas me saludaste, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa sos por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!”

María – Toda la alegría que tengo se la debo a Dios, por eso no me canso de agradecerle y alabarlo!

Coro: Mi alma canta la grandeza del Señor

En escena se ven una silla, un canasto con ropa, cacerolas o cacharros.

José acepta a la Virgen María

Relator:   María se quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió a su casa donde José la esperaba. Ella guardaba en su corazón lo que el ángel le había revelado. Era un misterio tan profundo que no tenía palabras para decirle a José lo que le pasaba. Pobre José, miraba y no comprendía!

José aparece en el mismo lugar que María en la primera escena. Esta sentado en la silla con sus manos tapándose la cara.

José -   ¿Cómo es posible que María este embarazada? ¿Me engañó? ¡No puedo creerlo, ella jamás lo haría!!!!! Tengo que dejarla y partir sin decir nada ¡si no van a apedrearla! Me iré a otro pueblo, en silencio.
                (José se va a dormir y mientras duerme aparece el ángel)

Gabriel - “José, descendiente de David, no tengas miedo de llevar a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando un hijo, no es porque te ha engañado, sino que es obra del Espíritu Santo. Y vos, lo llamarás Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados, Él será grande”.

Relator: José era un hombre de fe. Y así, creyendo en las palabras del ángel, entró en el misterio de la salvación de Dios.

(José despierta)
José -   Uy, qué sueño hermoso que tuve! Ahora entiendo todo, claro… Dios me eligió para cuidar a las dos personas que más va a amar el mundo en todos los tiempos, a Jesús y a María. Es la misión más hermosa que haya existido!  Qué puedo decir? que sí, claro!  Voy a buscar a María. 

      María entra nuevamente en escena, escucha, se sienta y se abraza con José.

José -  ¡Hola María! ¡Qué bueno que estás de nuevo aquí! Sentate, tengo que pedirte perdón porque dudé de vos, pensé que me habías engañado y no sabía qué hacer, pero ahora sé por el ángel que el Señor te ha elegido como Madre y yo estaré a tu lado.
María -   ¡Gracias José! estaba segura de que Dios te ayudaría a entender.

Se apagan las luces.

El nacimiento de Jesús

Relator: El Ángel Gabriel le había dicho a la Virgen María: “Para Dios todo es posible”.  Y así pasaron los nueve meses en que la vida de Jesús se gestó en el vientre de María, a la espera del gran día en que la primera Navidad se anunciaría al mundo. Pero no sería en Nazaret, sino en Belén para cumplir lo que había sido anunciado al pueblo elegido.

Entran Jesús y María caminando despacito.

José – María, tenemos que ir a Belén para censarnos.

María – Está bien, José, que sea como el Señor lo disponga.

Coro:   La Peregrinación

(De pronto se detienen)

Relator:   Nadie lo sabía, pero Dios estaba entre los hombres.

María – José! José! El Niño quiere nacer. ¡Ha llegado la hora!

José -   Buscaré un lugar para hospedarnos.
             (Golpea como en una puerta) 
          Señor, necesitamos hospedarnos, ¿tiene lugar?

Posadero – No, señor, no tengo…

José –  María, no tenemos suerte. ¿Qué haré contigo? No hay lugar en ningún lado. ¿Qué vamos a hacer?

María -  José… no te desesperés. Dios está con nosotros. Sigamos buscando. El Señor nos guiará al lugar elegido, donde el Niño deba nacer. Vamos pronto, José, que cada vez falta menos.

José – (golpea en otra puerta, contra- sacristía) Buenas noches, señor.  Mi esposa y yo hemos buscado alojamiento en todo Belén y no hemos encontrado nada. Mi esposa está por dar a luz y estamos en la calle
¿Usted tendrá un lugar para nosotros?

Posadero – No tenemos lugar. No queda ni una sola habitación. (Cierra la puerta y vuelve a abrirla inmediatamente)
¡Señor, no se vaya! Mi esposa dice que si ustedes no se ofenden les podemos hacer un lugar en el establo. Entre los animales encontrarán abrigo y por la mañana tendrán leche para alimentarse. No será muy cómodo, pero el heno y la alfalfa les servirán de colchón.

María y José -  Gracias! Muchas gracias! Hoy mismo, el Señor, nuestro Dios, sabrá recompensarlos a ustedes.

José - Vení, María, tranquila. Ya Dios nos ha dado el lugar para Su Hijo

Se apagan las luces.

Relator: Dios había elegido un establo…el lugar más oscuro, para mostrarnos desde ese día que ya no hay oscuridad que no pueda ser luz. Un lugar feo y bajo, para que sepamos que Dios nos espera en cualquier caída, desde todo lo débil, desde todo lo que nos haga inclinarnos.  Y aquella noche pasaron cosas que nunca se vieron.
¡Aquella noche, del cielo bajó el amor! ¡La riqueza se hizo tan pobre, y tan baja la grandeza, porque Dios lo quería!

Coro:   Gloria
Se encienden las luces. María y José están junto al pesebre. María tiene al Niño en sus brazos.
Los ángeles y las estrellas se acercan. Los pastores, que están desparramados, durmiendo en el suelo, comienzan a despertarse. Un ángel se dirige a los pastores.
Ángel – No tengan miedo porque lo que vengo a decirles es muy bueno. Cuando lo sepan, todos se llenarán de alegría.
Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Y como señal, encontrarán al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Los pastores invitan a más fieles y con ellos comienzan a caminar hacia el pesebre.
Coro: Vamos pastorcitos
Relator: A partir de Belén, hasta a la oscuridad se le encendió una luz. La noche se hizo buena: lo sagrado irrumpió en lo común, en lo ordinario. Aquella noche aconteció el más grande gesto de amor de parte de Dios: Él es don, es el amor que no se quiere reservar nada, que busca hacernos semejantes a Él, y para eso, primero, Él se hace semejante a nosotros.
Claro que a los dones también hay que acogerlos. El Misterio se hizo porque María dijo Sí, porque en el silencio de sus corazones, los humildes pastores, gente sin nombre para los hombres, escucharon y confiaron.
En la Nochebuena, Dios pone amor en el mundo, y confía en nuestra respuesta de amor.

 Coro:  Noche de Paz
Ahora, con todo nuestro amor, nos acercamos a adorar al Niño Dios. Le presentamos nuestra ofrenda, que es un regalo para quienes más lo necesitan. Pidamos también que en esta Navidad le hagamos lugar a Jesús en nuestra vida para poder recibir todo lo que Él viene a traernos.

Los pastorcitos y angelitos entregarán imágenes del pesebre.
Relator: (Saludo final)  La Navidad es la fiesta de la esperanza, porque ya no estamos solos:
Dios camina y hace historia con cada uno de nosotros. ¡Feliz Navidad para todos!!!


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