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martes, 28 de noviembre de 2017

Corona de adviento

LA CORONA DE ADVIENTO
Parte del material es del P. Alberto Ramírez Mozqueda Catholic.net

La corona de Adviento es el primer anuncio de Navidad. Es un círculo de follaje verde, la forma simboliza la eternidad y el color la esperanza y la vida.
Dios se hace presente en la vida de cada persona para mostrar su amor y deseo de salvación.
La palabra ADVIENTO proviene del latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.
Una costumbre muy significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo es la corona de Adviento. Va enrollada con un listón rojo, símbolo del amor de Dios que nos envuelve y también de nuestro amor que espera con ansiedad el nacimiento del Hijo de Dios.
En el centro del círculo se colocan las cuatro velas (pueden ser tres moradas y una rosa o bien todas blancas) para encenderse una cada domingo de Adviento. La luz de la vela simboliza nuestra fe.
El conjunto se sitúa cerca del altar o del ambón de la Palabra, si es en la Iglesia, o en un lugar adecuado si se utiliza en un ambiente familiar o escolar.
En Navidad se puede añadir una quinta vela blanca, hasta el final del tiempo de Navidad y si se quiere se puede situar la imagen del Niño en relación con la corona: se tiene que ver que la Navidad es más importante que la espera del Adviento.

PROPUESTA PARA LA BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

Para realizar en la comunidad, colegio, familia, etc.
Señor Dios, bendice con tu poder
nuestra corona de adviento para que,
al encenderla, despierte en nosotros
el deseo de esperar la venida de Cristo
practicando las buenas obras,
y siendo misericordiosos con todos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Todos: Amén.

PRIMER DOMINGO
Se puede cantar…
Señal de la cruz
Leer la lectura san Marcos 13,33: “Estén preparados y vigilando, ya que no saben cuál será el momento”. (Breve pausa para meditar) 
Pequeña reflexión: Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro de las personas, de los más débiles. Estar atento a lo que nos pasa a cada uno. De esa manera estaremos atentos a la llegada del Niño Jesús.
Oración para encender el primer cirio de Adviento
Encendemos, Señor, esta luz,
como aquél que enciende su lámpara
para salir, en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque Tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda y la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús!

SEGUNDO DOMINGO 
Se puede cantar…
Señal de la cruz
Leer la lectura: De la II carta de San Pedro 3,13-14: “Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz". (Breve pausa para meditar) 
Pequeña reflexión: pensemos qué queremos cambiar en nuestras vidas durante este tiempo de Adviento. Así viviremos con alegría y en paz con todos.
Oración para encender el segundo cirio de Adviento
Los profetas mantenían encendida
la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo,
encendemos estas dos velas.
El viejo tronco está rebrotando,
florece el desierto.
La humanidad entera se conmueve
porque Dios vendrá a nuestra humanidad.
Que cada uno de nosotros, Señor,
te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas
y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.
S: ¡Ven pronto, Señor.
P: ¡Ven pronto, Señor.

TERCER DOMINGO
Se puede cantar…Señal de la cruz
Leer la lectura: Isaías 61, 1-2a. “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor”. (Breve pausa para meditar) 
Pequeña reflexión: El Niño Jesús, viene con su ternura y amor para darnos libertad y para acariciar nuestro corazón y heridas. Pensemos qué heridas quiero sanar en este tiempo de Adviento.
Oración para encender el tercer cirio de Adviento
En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia: el Señor va a llegar.
Preparen sus caminos, porque ya se acerca.
Cuando encendemos este tercer cirio
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que animes.

S: ¡Ven pronto, Señor.
P: ¡Ven pronto, Señor.

CUARTO DOMINGO
Se puede cantar…
Señal de la cruz
Leer la lectura san Lucas 1, 30-32: “Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo”. (Breve pausa para meditar) 
Pequeña reflexión: Falta muy poco para que nazca el Niño Dios, abramos nuestro corazón a este misterio de amor y ternura.
Oración para encender el cuarto cirio de Adviento

Al encender este cuarto cirio,
pensamos en ella, la Virgen María,
tu madre Señor y nuestra madre.
Ella te esperó con ternura y amor.
En sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así:
con fe, esperanza, amor, en el trabajo de cada día.

S: ¡Ven pronto, Señor.
P: ¡Ven pronto, Señor.
NOCHE DE NAVIDAD
Se puede cantar…
Señal de la cruz
Leer la lectura san Lucas 2, 16-18Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores”.
Pequeña reflexión: Llegó el gran día, el Nacimiento de Jesús. Jesús viene a nosotros, se hace uno de nosotros. Miremos al Niño Jesús y pidámosle tener un corazón tierno y bueno. Que su presencia brille en nuestro corazón como brilla la estrella que nos conduce al Dios hecho hombre.
Oración para encender el quinto cirio de Navidad

Señor Jesús,
en este día tan especial,
te recibimos con todo el corazón.
Te pedimos que nos regales,
tu paz y ternura,
para anunciar a los que nos rodean,
el amor que nos traes.
¡Gracias Jesús por nacer en esta Navidad!


lunes, 18 de septiembre de 2017

Nuestro Altarcito



Encuentro que nos hace arder el corazón...

Con gran alegría y esperanza seguimos acompañando la religiosidad y espiritualidad de nuestros niños, recuperando y recreando los diferentes modos de expresar el Don de la Fe.

Con la plena certeza de ser discípulos misioneros de Jesús, nos animamos a seguir caminando con Él, en actitud de “salida”, es una salida que nos provoca a caminar con un corazón abierto.  A cada uno, Jesús nos invita a recorrer un camino en el que, Él mismo nos hace arder el corazón, como lo hizo con los discípulos de Emaús.

Siempre que tenemos la experiencia de ser encontrados por Jesús en el camino... ¡nos arde el corazón! Y así, el encuentro con él, se transforma en encuentro evangelizador capaz de alcanzar a los más pequeños; no podemos encerrar o tapar el ardor que Jesús nos regala. 

¡Qué hermoso! es caminar junto a los niños y dejarnos contagiar por la alegría que nos da la amistad con Jesús. Podemos llenar nuestro corazón de tantas palabras, gestos, miradas y sonrisas de los más pequeños y sentir siempre un renovado ardor que nos mueve a compartir con otros la Buena Noticia.

Los niños, son expertos en dejarse encontrar por Jesús y en trasmitir el ardor del corazón con espontaneidad y frescura evangélica;  saben que a Jesús pueden contarle todo, pueden confiarle con serenidad lo que les pasa y llevan en el corazón..., con plena certeza ellos tantas veces nos dicen: ¡Jesús siempre me escucha!, y ésta no es una afirmación ingenua, sino al contrario, es una afirmación de fe, que nos hace arder el corazón.
Como agentes pastorales hemos recibido una hermosa misión: custodiar la feliz amistad con Jesús que tienen los niños, cuidar que nada sofoque la alegría del encuentro con Jesús mientras van de camino y alimentar en ellos el deseo de anunciarlo a quienes más lo necesitan.

Ante tan alta misión, nos puede surgir una pregunta: ¿cómo vamos a saber el camino? ..., y Jesús nos responde con una propuesta provocadora: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6) (Cf. DA 101); si nos lanzamos con confianza y nos dejamos interpelar por la propuesta de Jesús, seguramente sentiremos el ardor del corazón por tantas realidades que los niños viven cotidianamente y a las cuáles estamos deseosos de poder responder con amor creativo y renovado.

Cuando nos dejamos encender el corazón por Jesús, él nos regala la mirada cercana que los niños necesitan, una actitud permanente de puertas abiertas y una hospitalidad exquisita, en la que dejamos transparentar la predilección de Jesús por los más pequeños.

Los discípulos de Emaús, tuvieron un encuentro con Jesús que ¡les hacía arder el corazón! Nuestras palabras y gestos, ¿hacen arder el corazón de los niños? Podemos pedirle a Jesús que nos muestre siempre más, su humanidad. Jesús nos muestra que no sólo se acerca a los discípulos sino que también hace el camino con ellos.

Cuando nos dejamos encender el corazón por Jesús, “no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20), ¡al contrario, necesitamos compartirlo con los demás! Y que hermoso es poder trasmitir con los niños la certeza que Jesús quiso quedarse con nosotros para darnos vida y vida en abundancia.

miércoles, 12 de julio de 2017

Nuestro Altarcito

Nuestro Altarcito es un espacio de reflexión para acompañar la religiosidad y espiritualidad de nuestros niños,  recuperando y recreando los diferentes modos de expresar el Don de la Fe.
Con la plena certeza que vamos de camino viviendo la dulce y confortadora alegría de seguir acompañando a nuestros niños en su caminito espiritual, nos dejamos iluminar en esta ocasión por el corazón materno de María, mamá de Jesús y nuestra.
Si nos animamos a conocer más el corazón de nuestra Madre, descubrimos un estilo nuevo de caminar, que tiene la fuerza transformadora en la acción pastoral compartida con los niños.
Como agentes pastorales en camino, miramos e invocamos a María como Madre de la evangelización, ella es la Madre del anuncio generoso y gozoso. Estamos convencidos de que sin María no terminamos de comprender el espíritu de nuestra acción pastoral (Cfr. EG 284). Todo discípulo misionero tiene bien claro que, María no es un mero apéndice en la vida cristiana, personal y comunitaria.
Así como Jesús entregó al discípulo amado a María por Madre, también hoy la sigue entregando a cada uno de nosotros, porque no quiere que caminemos sin la Madre... (Cfr. EG 285).
En el camino que Jesús nos invita a recorrer y dejar huellas de misericordia, María es el signo de esperanza, de encuentro, de salida, de alegría generosa, de ternura que hace sentir siempre en casa...; en el camino, ella es la misionera que se acerca a nosotros..., es la Madre que camina a nuestro lado y nos enseña a mirar con sus ojos, por eso fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a ver lo que ella ve, y así, salir al encuentro de los niños que necesitan nuestra atención cuidadosa y alentadora.
Mirando a María y desde su corazón, descubrimos cuál es el estilo de nuestra acción evangelizadora con los más pequeños en la Iglesia. Es un estilo que nos abre el corazón para volver a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño; es un estilo que nos hace tomar conciencia de que la humildad y la ternura no son las virtudes de los débiles, sino de los fuertes, de quienes no necesitan maltratar los límites de los demás para sentirse importantes; es un estilo que nos ayuda a poner calidez de hogar en la carencia de escucha y mirada atenta que los niños necesitan; es un estilo que nos pone en actitud de prontitud porque, como ella, deseamos dar respuesta comprometida a la fragilidad de los más pequeños. (Cfr. EG 288). 
Si nos dejamos acompañar en el camino por María, no podemos caer en la indiferencia ante las voces de los niños...; ellos están esperando que les demos la posibilidad para acercarse al corazón de María y poder decirle: ¡qué linda que sos!, ¡te quiero mucho!, ¡sos la mamá que siempre me cuida!, ¡gracias por escucharme siempre como Jesús!... y así podríamos seguir dejando resonar en nuestro corazón, tantas expresiones y experiencias de ternura y cercanía con María que tienen los más pequeños.

María nos enseña el estilo creativo en el anuncio del amor de Jesús, por eso, no podemos dejar de suscitar espacios y momentos para que los niños sienten la presencia cercana de María, para que ellos, con signos y gestos concretos le expresen su amor. Los medios para hacerlo no nos faltan, sólo necesitamos empezar a vivir en el estilo que María nos anuncia en el camino. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Nuestro altarcito

Un Rincón Sagrado en Belén…

En la dulce y confortadora alegría de seguir acompañando a nuestros niños en su camino espiritual, nos dejamos iluminar el corazón en esta ocasión por la Sagrada Familia, la Familia de Jesús.
Cuando hablamos de familia, resuenan en nuestro oído y corazón muchas voces sobre las familias, imágenes de familias, diferentes situaciones que viven y vivimos cotidianamente...; y cuando volvemos la mirada hacia la  familia de Jesús, se renueva en nuestro interior la alegría, la paz y la certeza esperanzadora de que la familia es ese lugar sagrado, porque los niños crecen en ella. En ella pueden crecer y fortalecerse no sólo nuestros niños, sino también ¡el mismo Niño Dios que quiso, eligió y necesitó una familia para crecer!.

El Papa Francisco con la  Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris laetitia” (La alegría del amor),  nos ayuda a considerar la importancia y la belleza de poder acompañar a los más pequeños en su crecimiento, así como lo hicieron María y José, para que Jesús creciera en estatura, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

Qué hermoso es contemplar a la Sagrada Familia, dejarnos mirar por ellos, por María, José y el niño Jesús y responderles a la invitación de vivir el amor en familia, un amor que se contagia y se hace don para el otro en lo cotidiano de cada hogar, el hogar que debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres y todos los que acompañamos a los niños  somos  instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo. Por eso «es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración»[1]. La transmisión de la fe supone que los padres, los abuelos, los catequistas vivan la experiencia real de confiar en Dios, de buscarlo, de necesitarlo, porque sólo de ese modo podemos hacer propias las palabras del salmo: «una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas» (Sal 144,4) y como dice el profeta: «el padre enseña a sus hijos tu fidelidad» (Is 38,19).

Trasmitir la fe y el modo de expresarla requiere tener el arte de adaptarse a cada niño, porque los recursos aprendidos o las recetas a veces no funcionan. Los más pequeños necesitan símbolos, gestos, narraciones. Si queremos acompañar la fe de los niños tenemos que estar atentos a sus cambios, porque sabemos que la experiencia espiritual no se impone sino que es una propuesta de amor.
Es fundamental que los niños puedan  ver de una manera concreta que para nosotros la oración es realmente importante. Por eso, como dice el Papa en la Exhortación Apostólica Amoris laetitia: “los momentos de oración en familia y las expresiones de la piedad popular pueden tener mayor fuerza evangelizadora que todas las catequesis y que todos los discursos”[2]. El ejercicio de transmitir a los niños la fe, en el sentido de facilitar su expresión y crecimiento, nos ayuda a renovar permanente nuestra acción evangelizadora.

La espiritualidad de los más pequeños, por ser fruto del Evangelio encarnado, renace siempre con una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla. Las expresiones de fe en los niños tienen mucho que enseñarnos, son un lugar teológico, lugar de la presencia de Dios…, al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de animar a nuestros niños para que crezcan en la feliz amistad con Jesús y a llevar el mensaje de amor a sus familias.




[1] Catequesis (26 agosto 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 28 de agosto de 2015, p. 12.
[2] Francisco, Papa (19 de marzo de 2016). Amoris laetitia. Ciudad del Vaticano, núm. 287. 288. 289.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Misa de Chicos 2016: Nuestro Altarcito

Dejándonos moldear el corazón por los amigos de Dios…

En la dulce y confortadora alegría de seguir acompañando a nuestros niños en su caminito espiritual, nos dejamos iluminar el corazón por el Cura Bochero, ¡que próximamente será proclamado Santo! Él se animó a recorrer, con su mulita el camino de la misericordia, y en este Año Jubilar, nos ayuda a ponernos en sintonía con el corazón de Jesús, con sus sentimientos y actitudes misericordiosas, más aún, a vivir en actitud misericordiosa con quienes compartimos nuestra cotidianeidad y en modo particular con los niños; para esto necesitamos algo extraordinario: ¡dejarnos moldear el corazón por los amigos de Dios!, dejarnos moldear el corazón por quienes comparten la feliz amistad con Jesús.

Con el ejemplo del Cura Brochero queremos vivir en la dinámica de la gratuidad, acompañando a los niños para que sigan creciendo con una espiritualidad y religiosidad que tengan la huella de los santos, la huella de los amigos de Dios…y al mismo tiempo custodiar la capacidad de los más pequeños de dejarse iluminar el corazón por el Evangelio y la alegría renovada para anunciar el amor de Jesús en gestos concretos.

La espiritualidad de los más pequeños, por ser fruto del Evangelio encarnado, renace siempre con una fuerza activamente evangelizadora, por eso estamos llamados a alentarla y fortalecerla. Las expresiones de la espiritualidad en los niños tienen mucho que enseñarnos, son un lugar teológico, lugar de la presencia de Dios…; así lo fue también en la vida de nuestro querido Cura Brochero, quien con una espiritualidad anclada en el Evangelio y en su pueblo, anunció la novedad de la Buena Noticia con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente (Cfr. EG259).

¡Qué lindo es poder trasmitir a los niños lo hermoso que es vivir la amistad con Jesús como lo hicieron los santos! A vivir con el corazón abierto a Dios y a sus amigos, en modo particular con los que están más solos; a contarle confiadamente a Jesús cuáles son sus miedos y sueños, o las cosas que los hacen felices para poder consolar y dar ánimo a los que están tristes; a escuchar las palabras de Jesús y a darle gracias por su amor; para poder enseñar al que no sabe o dar un buen consejo; a visitar a Jesús sacramentado para así poder visitar al amigo que está enfermo o que simplemente espera la visita de una sonrisa amistosa. De este modo seguimos ofreciendo a los niños acompañamiento y guía, que muchas veces  nos implicará reinventar métodos y encontrar nuevos recursos. (Cfr. AL 260).

El Cura Brochero, con su ejemplo nos anima a ser verdaderos discípulos misioneros, sabiendo que Jesús camina con nosotros, habla con nosotros, trabaja con nosotros. Él nos enseña a tener una mirada atenta que sabe reconocer a Jesús vivo y presente en el corazón mismo de nuestra entrega misionera. Por eso podemos motivar a los niños, con fuerza y entusiasmo, a buscar lo que Jesús busca y amar lo que Él ama. (Cfr. EG 266).

Para compartir con los más pequeños el Tesoro que llevamos dentro y entregarnos generosamente, así como lo hizo nuestro querido Cura Brochero, necesitamos reconocer  que cada niño es digno de nuestra entrega; que ellos en su realidad son motivo de la ternura de Jesús y que Él mismo habita en sus vidas. Más allá de toda apariencia, cada niño es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si podemos ayudarlos a descubrir que Jesús los ama incondicionalmente, eso ya justifica nuestra entrega (Cfr. EG 274). ¡Cuánto bien nos hace dejarnos moldear el corazón por los amigos de Dios! Y así, alegrarnos porque nuestra vida se embellece con los rostros y los nombres de los más pequeños con quienes compartimos el camino.